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Navidad de amor

navidad
En la noche silenciosa y sombría
surgió la estrella más hermosa,
iluminando con luces doradas
un bello camino de esperanzas.

En las manos del niño Dios se desata
un capullo de destellos de oro y plata.
Expande su estela en la faz de la tierra,
para hilar en cada alma sedienta
halos de amor, de paz, de bonanza.

Natividad en un pobre pesebre,
dulce niño Jesús rodeado de ángeles,
llegaste para convertir en jardines
los corazones necios y estériles.

Alegría, esperanza, clamor,
sosiego, consuelo, perdón…
Divina presencia de Dios
en esta noche dulce de amor.

El niño nos propone renacer,
ser seres nuevos, y con regocijo
retomar el camino de la vida,
abandonando todos los pesares.

La noche oscura y sombría
disipará en luces palpitantes.
y abiertos los ojos del alma
veremos como en un ensueño:

que las estrellas no son estrellas,
son las hendijas del cielo
que muestran la luz divina
del reino de Dios y los ángeles.
©Estela Foderé
Todos los derechos reservados

Aroma de magnolias

magnolias

Apoyo mi cabeza en tu regazo.
Aroma de magnolias
embriagan tus manos.

Impregnan mi piel
cuando suave me acaricias
con la calidez de una madre.

Perfumes de tiempos olvidados,
voces de seres tan amados,
placeres íntimamente guardados.

Como el árbol consagrado,
amo y señor de los recuerdos
adorna su fronda con pimpollos
vistiendo de fiesta el patio.

Tu eres como este árbol,
fuerte como su tronco,
como sus flores frágil y tierna.

Sus blancos pétalos
pintaron tus cabellos.
Te bañan con dulce aroma
como a un hada encantada.

©Estela Foderé ®
Todos los derechos reservados


Hoy no se qué es lo que me pasa.
No tengo ganas de hacer nada.
Quiero estar sobre una almohada,
ver una gaviota blanca cómo pasa…

Hoy no quiero hacer más nada.
Estoy ya cansada de fregar:
mi ayudante de vacaciones,
no quiero ya camisas planchar.

Escondí lejos mi escobillón,
el plumero en la penumbra,
no sea que me descubra
si me siento en el sillón.

De los hilos, la aguja y el dedal
no quiero saber dónde están
Botones sueltos me persiguen.
¡Ay qué barbaridad!

De cocinar ya ni hablo
3 horas paso guisando,
en minutos todo se devora…
¡A lavar los platos señora!

Con tal trajín, no puedo escribir.
Cuando ya estoy disponible
las musas se fueron a dormir.
Ser ama de casa no es para mí.

El teclado a gritos me llama
Yo lo miro de reojo
rimas y versos en remojo…
Yo no se qué es lo que me pasa…
©Estela Foderé ®
Todos los derechos reservados

dama y luna
Que la luna me desnude
y mi cuerpo de encaje
se ilumine de plata…

Que tu sueño de amante
sobre mi piel se deslice,
y en la noche fulgurante

tus deseos cabalguen
en sombras de fuego
sobre mi lecho anhelante…

Que tu piel y la mía,
sin pudor se desgate
agitando mis gemidos.

Que con todos mis sentidos
a los tuyos envueltos
se fundan tu cuerpo y el mío.

Que al alba despierte
sin encajes de plata,
sin sábanas, sin luna.

Solamente tu y yo.
La luna mirándonos
abrazados y desnudos…

Autor: Estela Foderé
Copyright® Todos los derechos reservados

Frente a ti

frente a ti

Frente a ti yo me desnudo,
y mi cuerpo revelado,
mas descubro en tu mirada
que tu tan sólo ves mi alma.

Palpitante me aproximo.
Tomo tu mano extendida.
Siento el calor de tus dedos
como una brisa que anida.

Tus ojos ven en los míos
más que pasiones, deseos:
reflejos de idolatría
surcando la mente mía.

Nuestros cuerpos despojados
abrazan un dulce anhelo.
Un éxtasis sempiterno,
dos almas en sintonía.

De lo real desprendido,
en lo etéreo flotando.
Maravillosos instantes
de dos desnudos amantes.

(octavilla)
Autor: Estela Foderé
Copyright® Todos los derechos reservados

mi nieto
Miro tus manitas
pequeñas y suaves
que alegres se agitan
como alitas de aves.

Escucho tu risa
tus alegres carcajadas,
tus pasitos tambaleantes
recorriendo la casa.

¡Ay niño pequeño
llenas mis sueños!

Veo en tu carita
rasgos de ancestros,
un poco de tu madre,
un poco de abuelos.

Hijo de mi hijo,
boquita de caramelo,
regálame tu sonrisa,
yo te daré el cielo.

Dios te bendiga
mi nieto pequeño.

©Estela Foderé ®
Todos los derechos reservados

Mi espejo perfecto

espejo
Escucho el sereno oleaje
que acuna ese bote vacío.
Brillan las escamas del río
en su serpenteante viaje.

Pasan las aves gorjeando,
trinos,sonidos ribereños
y se unen en eco lejano
en melodíosos ensueños.

Besados mis pies por el agua,
la brisa bate mi cabello;
hay calma y sosiego en mi alma
a veras de excelso remanso.

Es éste mi perfecto espejo
porque añoro el amado río
adonde mis sueños reflejo,
que total envolvió mi cuerpo.
©Estela Foderé ®
Todos los derechos reservados

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Todos somos culpables de esta locura,
quien diga que no, que tire la piedra primera.
El buen Dios nos regaló con bendición
el cuidado de la tierra: esa era la misión.

Nos ufanamos durante una guerra
a ver quien destroza y guarda riqueza
y ciegos ante los ojos del Soberano
miramos sordos hacia otro lado.

¿Qué herencia dejamos a nuestros hijos?
¿Qué herencia nos dejaron los ancestros?
Que esta cruel tristeza tan avasalladora
fue desde siempre, no es de ahora.

La tierra reseca se expande e implora,
ya no hay un árbol que le de sombra.
Los ríos ya no son cielos que viajan,
van reptando entre la basura…
ya no hay agua clara y pura…

La selva y el bosque se van muriendo;
las ciudades huelen a mugre y hollín.
¿Quién tiene la culpa de este flagelo?
Todos estamos en este triste motín.

¡Nosotros! Que por la vida vamos andando
en búsqueda inefable de ir acumulando
tecnología, comodidades, consumismo.
Qué importa si la natura se va quebrando.

Todo en vorágine para tener más
las fábricas trabajan sin parar,
las chimeneas no pueden frenar
las nubes ya no son blancas
ni en el campo, ni en la ciudad.

El Creador enojado nos castiga
con reprimendas y grandes avisos:
terremotos, huracanes, enfermedades.
No lo vemos: en los ojos tenemos una viga.

Si Dios ha sido tan bondadoso
de darnos todo lo más hermoso,
¡Ayudémoslo un poco! Amándole,
amándonos, amando y cuidando
todo lo maravilloso que nos ha dado

Postrémonos agradeciéndole
y vivamos en constante Fe.

©Estela Foderé ®
Todos los derechos reservados

Viento altanero

Viento altanero
Viento que soplas altanero:
barres las hojas ya secas
que reposan en los senderos
y alzas el polvo de las cercas.

Quiebras la flor inocente
con fuerza de verdugo.
Con ímpetu insolente
sometes todo a tu yugo

Por la ventana entras atrevido
sin que te invite me hostigas;
aúllas como un animal herido;
tu gélido hálito me castiga.

¡Silencio! Ya no silbes.
Ve a correr por la estepa.
No quiero que a él lo lleves
como a una hoja yerma.

No permitiré que apagues
la llama de su existencia
Pondré más leña en el hogar.
Seré sorda a tu presencia.
©Estela Foderé ®
Todos los derechos reservados

El alma me pesa

El alma me pesa

Acurrucado en el peldaño de una escalera,
donde te abatió el hambre y el cansancio
con diarios y harapos sucios y viejos cubierto
se arrellana tu cuerpo abatido y somnoliento.

Tus manos arrugadas y ateridas por el tiempo
sostienen la botella casi vacía de oscuro vino
como lágrimas de sangre gotea mansamente
y por la escalera se desliza dolorosamente.

Qué pena acobardó tu corazón y tu mente
para desmoronar en tal vil y cruel abandono
en la que la vida tan sólo es el cálido vino
que ayuda a caer en cualquier lugar dormido.

Flamea el viento tus revueltos mechones negros
que en otros tiempos quizás fueron acariciados
por las mismas manos que en momentos aciagos
tu vida y tu corazón estrujaron en mil pedazos.

Mendigo, limosnero, vagabundo te consideran.
Con desprecio y burla, sarcasmo y socarronería
apura el paso la gente que a tu lado pasa y te mira.
No hay piedad, ni indulgencia por tu lastimera vida.

Desalmados somos frente a un ser que sufre
tan sólo porque el infortunio tocó tu vida
como si fuese contagiosa toda la desdicha
y temiéramos contaminarnos al verte.

Y yo, pecadora y desalmada también me uno
a la muchedumbre que es indiferente,
tan sólo porque en mi propia pena pienso,
soy ciega para el dolor ajeno que nos envuelve.

Me convierto yo también en miserable.
No tengo valentía para socorrerte.
Sigo despacio, me voy por la calle silenciosa
y no apuro mi paso, porque el alma me pesa…

No extendí una mano, no pude hablarte.
Muestro mi rostro, la máscara me saco.
No llevo dentro un auténtico corazón amigo.
Porque el alma me pesa, camino lento.

©Estela Foderé ®
Todos los derechos reservados

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