
En la noche silenciosa y sombría
surgió la estrella más hermosa,
iluminando con luces doradas
un bello camino de esperanzas.
En las manos del niño Dios se desata
un capullo de destellos de oro y plata.
Expande su estela en la faz de la tierra,
para hilar en cada alma sedienta
halos de amor, de paz, de bonanza.
Natividad en un pobre pesebre,
dulce niño Jesús rodeado de ángeles,
llegaste para convertir en jardines
los corazones necios y estériles.
Alegría, esperanza, clamor,
sosiego, consuelo, perdón…
Divina presencia de Dios
en esta noche dulce de amor.
El niño nos propone renacer,
ser seres nuevos, y con regocijo
retomar el camino de la vida,
abandonando todos los pesares.
La noche oscura y sombría
disipará en luces palpitantes.
y abiertos los ojos del alma
veremos como en un ensueño:
que las estrellas no son estrellas,
son las hendijas del cielo
que muestran la luz divina
del reino de Dios y los ángeles.
©Estela Foderé
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