
Todos somos culpables de esta locura,
quien diga que no, que tire la piedra primera.
El buen Dios nos regaló con bendición
el cuidado de la tierra: esa era la misión.
Nos ufanamos durante una guerra
a ver quien destroza y guarda riqueza
y ciegos ante los ojos del Soberano
miramos sordos hacia otro lado.
¿Qué herencia dejamos a nuestros hijos?
¿Qué herencia nos dejaron los ancestros?
Que esta cruel tristeza tan avasalladora
fue desde siempre, no es de ahora.
La tierra reseca se expande e implora,
ya no hay un árbol que le de sombra.
Los ríos ya no son cielos que viajan,
van reptando entre la basura…
ya no hay agua clara y pura…
La selva y el bosque se van muriendo;
las ciudades huelen a mugre y hollín.
¿Quién tiene la culpa de este flagelo?
Todos estamos en este triste motín.
¡Nosotros! Que por la vida vamos andando
en búsqueda inefable de ir acumulando
tecnología, comodidades, consumismo.
Qué importa si la natura se va quebrando.
Todo en vorágine para tener más
las fábricas trabajan sin parar,
las chimeneas no pueden frenar
las nubes ya no son blancas
ni en el campo, ni en la ciudad.
El Creador enojado nos castiga
con reprimendas y grandes avisos:
terremotos, huracanes, enfermedades.
No lo vemos: en los ojos tenemos una viga.
Si Dios ha sido tan bondadoso
de darnos todo lo más hermoso,
¡Ayudémoslo un poco! Amándole,
amándonos, amando y cuidando
todo lo maravilloso que nos ha dado
Postrémonos agradeciéndole
y vivamos en constante Fe.
©Estela Foderé ®
Todos los derechos reservados
Felicitaciones por este maravilloso poema
que llama a la reflexión.