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Voy apresurar mi goce de vivir.
Pueda que la noche me aprese
y mis ojos mañana no pueda abrir.

Si aún puede esperar mi vuelo,
disfrutaré con intenso esmero
todo lo que amo con frenesí;
reiré y gozaré lo que aún no viví.

Si mis alas se despliegan
sin permiso, mientras duermo,
mi vuelo será calmo.
Habré gozado mi existir.

Autor: Estela Foderé
Derechos reservados

Relato Verídico

La escarcha de la mañana blanqueaba los postes del alambrado. Pendían agujas de cristales, señalando los secretos de un triste y largo mechón gris que chorreaba enredado entre las púas. Gotas heladas, o frías lágrimas de tanto dolor guardado, mojando la paciente tierra, como un pañuelo que consuela. El misterio era una señal que sugería al peregrino, amarga tragedia.
De baja talla, delgado, nariz afilada, pequeños ojos negros entornados, la mirada perdida, ausente. Sin embargo, por el brillo de sus pupilas, se percibía que escudriñaba su alrededor, amparado por el ala del sombrero. Dalmasio no demostraba su carácter, más bien parecía un típico paisano, sumiso y solitario.
Era agricultor. Vivía con su esposa y varios hijos. Celoso, las mujeres no podían salir del campo; nadie podía visitarlos. Los varones: sus peones.
Cuentan que su avaricia llegaba a tal extremo, que solo probaban la carne, si algún animal moría por accidente o enfermedad.
Después de la cosecha, el mayor premio para la familia, era poder ir a la ciudad. Cargaban los carros con bolsas de trigo. Las mujeres, cabalgaban en fila, llevando las riendas con la mano derecha. La izquierda, esgrimida, llevaba un recipiente con nata, que, al batirse en el galope, cuajaba y llegaba transformada en manteca a venderse en el mercado. Para comprobar la calidad del trigo, con una cuña se calaba cada bolsa. Muchas semillas se dispersaban en el suelo. Hecho el trato de venta, él las recogía.
―Este triguito es mío. ―Y lo cargaba de nuevo al carro.
Todos los hijos, hábiles como su padre, lograron irse lejos de su influencia, escapando de la avaricia, y otras maldades. Porque, además de avaro, era bastante mujeriego, y mujer que le gustaba, no tenía empacho de traerla a la casa, sin menor decoro o respeto por el sentimiento herido de su familia.
La esposa, callada y sumisa, consentía tales devaneos, como si no le importara. Hasta que su corazón destrozado, dejó de latir.
La sepultura fue apenas una elevación de tierra con una cruz de hierro. Luego compró una placa con el nombre grabado, pero no conforme, la hizo cambiar por otra de reluciente bronce. Después, un nicho. Muchas fueron las idas y venidas.
―Mire don, decídase de una vez, usted me ha cansado haciendo tantas lápidas y siempre regateando el precio. Ésta es la última que hago ―dijo un día el marmolista.
―Fue una buena esposa, supo tolerar cuando yo llevaba otra mujer. ¿Sabe una cosa? Quiero ese mármol blanco como la nieve de su alma, talle su rostro en él, y con letras doradas póngale no más que yo la amaba.
La prosperidad de sus cosechas fue creciendo, así como su tacañería.
Sin familia, su casa fue convirtiéndose en tapera. Conseguía algunos peones a cambio de comida, y siempre alguna mujer rondaba su cama. De madrugada, speón,alía raudamente con su pala, a enterrar en diferentes lugares, tarros con dinero.
Cierta noche, bajo cielo abierto, la grasa de la carne chirriaba asándose en el fogón. Dalmacio, sentado a horcajadas en un rústico banco. El peón, esperando algo de comida, garabateaba con un palo en la tierra polvorienta. Una mujer desgreñada y harapienta, cebaba mate y revolvía los humeantes chicharrones.
Silencio. Nada para decir, almas vacías, pensamientos torturados. Por única luz, la luna que jugaba a esconderse entre negros nubarrones, y las chispas de la leña salpicadas por las gotas de grasa.
De pronto, un fuerte ladrido de perros. Cuatro caballos relinchando en la llanura y los cascos golpeando con furia. Cuatro bandoleros, arremetiendo con saña y sin piedad. Casi sin darse cuenta, él cayó, y su cetrino rostro volteó el brasero. El mango del puñal clavado en la espalda brillaba con reflejos de sangre y de fuego. Más allá, el peón, con sus ojos muy abiertos miraba sin mirar el cielo. Cuatro hombres, cavando aquí y allá, buscaban los tarros con dinero. Los caballos resoplando, el aire muy quieto, la mujer, sin un gemido, sin un lamento, se hamacaba sentada en el banquito, con las manos entrelazadas apretando su regazo.
Cuatro caballos galopando en la llanura se alejaban de la tragedia. La tierra, también herida por los desesperados hoyos hechos, guardaba silencio, convirtiéndose cómplice de la avaricia del viejo. Ningún tarro, ningún dinero.
Años después, se comentaba que una loca rondaba el campo. Y en las noches de luna, con sus cabellos flotando al viento, su cuerpo desnudo corría por los pajonales y aullando como una loba herida, se desvanecía.
En el silencio del amanecer, sobre los alambres de púas, aparecían flameando sus mechones blancos. –
Fin
Estela Foderé
Derechos reservados

A causa de haber transitado un largo camino en la vida, obtuvo el regalo de llegar a la ancianidad. Se siente feliz cuando su familia le brinda cariño, pero percibe que ya es una molestia. Demasiados años y muchos achaques. Porque su andar es lento y sus manos temblorosas están. Porque repite a menudo el mismo discurso y ya nadie presta oído a lo que tanto quisiera contar. No tiene voz ni voto puesto que añejo es su pensar. Requiere constante ayuda, ya no puede realizar sus tareas habituales. Se convirtió en pesado trabajo para la familia y urgente piensa resolver el problema. Derivar a una institución. Será el mejor, el más cómodo, el más recomendado…
Se desestima quién fue esa persona que hoy tanto preocupa. Que dio todo por sus seres tan queridos y porque tuvo el regalo de la ancianidad, será llevado a un lugar desconocido, sin las únicas cosas, atesorado por años, que evocan sus recuerdos; aunque para los demás, sólo son trastos viejos. Rondarán extraños, con afecto afable, pero no tendrán los rostros tan amados.
Todo en la vida requiere tiempo.
Los problemas que acucian requieren una época de transición para poder hallar soluciones dignas y apropiadas.
La angustia, ansiedad y desazón a veces llevan a buscar recursos rápidos intentando eliminar la congoja que agobia, cometiendo errores que dejarán profundas cicatrices en el alma.
El sacrificio o renuncia de los deseos e intereses propios en beneficio del ser amado, es abnegación, la más sublime de las actitudes.
No arranques esa flor porque se le han caído algunos pétalos que el ladrón de los recuerdos se llevó.
Goza de su esplendor hasta que naturalmente se marchite.
Autor: Estela Foderé
Derechos reservados

Ella es toda poesía,
vive en mundo de magia
a veces triste y solitaria.
Ella compele espacios
sin apuros y sin prisa
hilando en silencio versos
buscando nuevas travesías.

Ella en secreto ambula
soñando con dulces besos
con un sol que la acaricie.
Y en el círculo de sus pasos
surgen ideas irrumpidas
como aleteos en desquicie,
anhelos sueltos de bridas.

Fantasías, locas utopías
la abrazan con intensidad.
Pero calmada y serena
discierne con premura
no enredarse en locura.
Queda afuera el frenesí.
Sólo el encanto de la alegría
en la plenitud de la poesía.

Autor: ©Estela Foderé
Todos los derechos reservados

No permitas

No permitas que el alma se reseque,
aunque transites por el desierto de la vida.
Si sigues caminando encontrarás el oasis,
donde saciarás la sed que tu alma necesita.

No dejes que te devore el tiempo,
y los sueños que anhelas consuma.
No te aferres a los tristes recuerdos,
pues no te dejan avanzar hacia el futuro.

Mira con alegría cada amanecer,
y no dejes que la niebla te cubra.
Detrás de cada nube oscura,
está el sol para iluminar tu ser.

©Estela Foderé
Todos los derechos reservados

En la noche silenciosa y sombría
surgió la estrella más hermosa,
iluminando con luces doradas
un bello camino de esperanzas
.

En las manos del niño Dios se desata
un capullo de destellos de oro y plata.
Expande su estela en la faz de la tierra,
para hilar en cada alma sedienta
halos de amor, de paz, de bonanza.

Natividad en un pobre pesebre,
dulce niño Jesús rodeado de ángeles,
llegaste para convertir en jardines
los corazones necios y estériles.

Alegría, esperanza, clamor,
sosiego, consuelo, perdón…
Divina presencia de Dios
en esta noche dulce de amor.

El niño nos propone renacer,
ser seres nuevos, y con regocijo
retomar el camino de la vida,
abandonando todos los pesares.

La noche oscura y sombría
disipará en luces palpitantes.
y abiertos los ojos del alma
veremos como en un ensueño:

que las estrellas no son estrellas,
son las hendijas del cielo
que muestran la luz divina
del reino de Dios y los ángeles.

Autor: Estela Foderé
Todos los derechos reservados

Zorzales en verano

Qué extraña sensación
en la mañana percibo,
viendo a dos zorzales
jugando bajo la lluvia
que genera el regador.
En el césped se esponjan
batiendo sus plumas,
con el pico se peinan,
dan gorjeos de satisfacción.
Al observarlos silenciosa,
es tan grande mi ternura
que los acaricio con mi mirada.
Sólo es un instante,
rápido emprenden vuelo
y en mi fuero interior,
queda flotando la emoción.

Autor: Estela Foderé

Vivas voces virtuales

31 de octubre: día internacional del poeta virtual

En internet ondulan, trazos de poesía,
amorosos sentires, entre versos perfectos.
Elegantes estrofas, viajan con armonía.
Se mecen con el viento, dolores muy secretos.

Mágicos creadores, sutil inspiración,
el intelecto afina, en cada dulce verso.
Iluminadas mentes, encanto y emoción
van levantando vuelo, rimas, lágrima y beso.

Poetas, poetisas, ¡vivas voces virtuales!
Sus palabras no duermen, en libros no reposan.
Circulan por el mundo, sus sueños e ideales,
Deleitan a lectores, que de placer rebosan.

©Estela Foderé
Derechos reservados

Las palabras retozan conmigo,
hacen ronda esperando escapar.
Yo las escudriño en mi silencio,
mas ellas gritan por aflorar.

Suelto las palabras en el viento,
asiendo las suaves y sedosas,
procurando urdir mi pensamiento
en concepciones bien glamorosas.

Trasmitiendo sueños y emociones
adornadas con rima y figura.
Busco en ellas consuelo y cordura,
dibujando las buenas acciones.

Pero hay en mí palabras oscuras,
voces que pretendo sosegar.
Algunas son como espadas duras,
aguijones aspiran clavar.

Usar el poder de la expresión
es instrumento de doble filo:
puede arengar lo vil y maligno,
o exaltar la noble convicción.

Necesario es poder discernir
palabras que puedan lacerar.
La idea que quiera trasmitir,
con cautela saber adoptar.

Que se quiten de mis pensamientos
palabras que broten como espinas.
Ilumine mi voz en el viento
y descarte palabras indignas.

*asiendo: del verbo asir
©Estela Foderé
Derechos reservados

Acércate papá:
juega conmigo,
arrójame al aire
que quiero volar.

No temo caerme,
no voy a llorar.
Se que tus brazos fuertes
siempre me sostendrá.

No puedo decirte:
Te quiero papá.
Pero puedo sonreírte
y hacerte reír.

Darte mi calorcito
y hacerte dormir.
No puedo decirte:
¡Ayúdame papá!

Soy apenas un bebé,
pero en tus ojos me puedo mirar.
¡Juega conmigo!
¡Enséñame a volar!

Cuando sea grande
tendré alas fuertes,
y entonces podré decirte:
¡Gracias por amarme papá!

Autor: Estela Foderé

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