Feeds:
Entradas
Comentarios

Fresias

Suspiro profundo
y desde lejos llega
de fresias su aroma.
Como bálsamo puro,
mi alma se impregna,
colmando mis sentidos,
con su bella presencia.
Me acerco pausada.
Acaricio su corola alba
suave como la seda.
Alegres mis pupilas
del jardín me alejo.
Mi camino sigo.
Me llevo su efluvio
fragante y sublime.

©Estela Foderé

A causa de haber transitado un largo camino en la vida, obtuvo el regalo de llegar a la ancianidad. Se siente feliz cuando su familia le brinda cariño, pero percibe que ya es una molestia. Demasiados años y muchos achaques. Porque su andar es lento y sus manos temblorosas están. Porque repite a menudo el mismo discurso y ya nadie presta oído a lo que tanto quisiera contar. No tiene voz ni voto puesto que añejo es su pensar. Requiere constante ayuda, ya no puede realizar sus tareas habituales. Se convirtió en pesado trabajo para la familia y urgente piensa resolver el problema. Derivar a una institución. Será el mejor, el más cómodo, el más recomendado…
Se desestima quién fue esa persona que hoy tanto preocupa. Que dio todo por sus seres tan queridos y porque tuvo el regalo de la ancianidad, será llevado a un lugar desconocido, sin las únicas cosas, atesorado por años, que evocan sus recuerdos; aunque para los demás, sólo son trastos viejos. Rondarán extraños, con afecto afable, pero no tendrán los rostros tan amados.
Todo en la vida requiere tiempo.
Los problemas que acucian requieren una época de transición para poder hallar soluciones dignas y propicias.
La angustia, ansiedad y desazón a veces llevan a buscar recursos rápidos intentando eliminar la congoja que agobia, cometiendo errores que dejarán profundas cicatrices en el alma.
El sacrificio o renuncia de los deseos e intereses propios en beneficio del ser amado, es abnegación, la más sublime de las actitudes.
No arranques esa flor porque se le han caído algunos pétalos que el ladrón de los recuerdos se llevó. Goza de su esplendor hasta que naturalmente se marchite.
©Estela Foderé®

Libres en la brisa

Al poeta José Carlos Avogadro

A la ventana de mi mirada,
llegaron tus estrofas un día;
como el canto de calandrias,
palabras con su sutil melodía.

Tus letras flotaban como el viento,
fluctuando como el ave consabida.
Francos, ascendiendo en el aire,
nobles sentires, libres de ataduras.

Con delicada frescura, tu versos
fluyen, tal como dicta el corazón:
sin grilletes, ni estructuras tiranas.
Eres un poeta digno de admiración.

Tus poemas un libro ha plasmado,
en hojas de papel estampados.
Para que vuelen libres en la brisa,
a la ventana de los ojos que lo lean.
©Estela Foderé
Derechos reservados

Una sombra me ha puesto de rodillas,
puesto que, pretende verme rendida.
El párkinson ha llegado a mi vida.
Arribó silencioso y de puntillas.

Me castiga inclemente a hurtadillas.
Quiere verme temblorosa y vencida.
Sin hacer nada, en quietud recogida,
atacada, quebrada , en cadenillas.

No cederé, no le daré las ganas
verme sometida y arrodillada;
ni muerta, ni débil, ni quebrantada.

No pactaré, a tentativas ufanas.
No vencerá, no seré condenada.
Aquí estoy, altiva y bien animada.

Las miras de párkinson serán vanas.
Seré fuerte, indócil y valerosa.
De este mal trago, saldré bien airosa.
©Estela Foderé
Derechos reservados

Mágicas sensaciones

(Serventesios)

Un haz de sol entrando a mi ventana,
racimos de glicinas  color malva,
un jilguero cantando en la mañana,
bella poesía germina en salva.

Mirando en cielo nubes navegar,
imagino jinetes de algodón.
Van corceles de encaje a cabalgar,
en leve trazo azul de relumbrón.

Mágicas, evidentes sensaciones.
Es prodigiosa conmoción arcana,
repelen exangües ocasiones.
En los labios, la sonrisa se hilvana.

Repicando rimas en caravana,
elevándose mi ánimo a las crestas,
con esperanza, encantada y ufana,
gracias a sencillas y bellas gestas.

©Estela Foderé
Todos los derechos reservados

Podría mirar hacia otro lado
cuando un niño mendiga
en la puerta del supermercado.
Darle algunas unas monedas
y erguida, seguir caminando.
Podría traerlo a mi casa.
Pan y manteca,
leche en humeante taza.
Con ternura acariciarle
la cabeza llena de piojos,
y la cara sucia limpiarle.
Un abrigo obsequiarle
y conforme despedirlo.
Pero nada cambiaría.
Al siguiente día volverá a la calle,
estirando la mano al caminante,
acurrucado, pero desafiante.
¿Hay manera de cambiarle la vida?
¿Cómo? ¿Quién podría?
Que alguien me lo diga.

©Estela Foderé

otono-

Pálida se va poniendo la tarde.
El sol, languideciendo lentamente.
Se va apagando este verano ardiente

La fronda, de su verdor no hace alarde
Hojas gualdas ya penden a manojos
En la tierra húmeda caen de hinojos.

Llegando viene el otoño silente.
Peregrina el ave a lugar lejano;
su gorjeo de pasión está ausente.
Despido el júbilo de otro verano.

¿Cuántos más viviré probablemente?
Me pregunto, con el alma en la mano.
Asumo: la vida es una corriente,
y mi cuerpo va haciéndose liviano.

Soy una hoja caduca, es evidente.
Todo tiene su tiempo, es soberano.
Aun así, espero el próximo verano.
©Estela Foderé