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Espléndido soneto que me ha tocado el alma

jllopart

No puedes esperar…

No puedes esperar que el cielo sea
ese lugar en que todos soñamos;
ese lugar el cual nunca alcanzamos,
ese lugar que nuestra mente crea.

Mas tú sabrás que solo con la brea,
se cubre todo aquello, que no amamos,
aquello que en la lucha abandonamos,
todo aquello que al más valiente afea.

No puedes esperar en un instante,
a que aparezca un día omnipotente,
y sea en apariencia interesante.

No puedes esperar en tu presente,
que brille aquella luz que ha estado ausente,
en esa tu memoria tan brillante.

8/6/17 j.ll.folch

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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De la tierra entrerriana salí,
cruzando Argentina entera.
Con mi bagaje de libros
a hacer patria como maestra.
Abandoné el dulce aroma
del espinillo en flor;
para bañarme en la calma
de los efluvios de lavanda.
Traje del río Uruguay su cielo,
y con el lago azul lo fundí
del majestuoso Nahuel Huapi.
En esta Patagonia indómita,
muy al sur del río Negro
donde el viento siempre sopla,
conocí la férrea hermandad,
entre los pueblos originarios
con los inmigrantes visionarios
que a esta tierra llegaron.
Sin maletas ni equipajes,
sólo el pico y la pala,
para transformar la estepa
en glorioso vergel de frutales.
Diferentes idiomas y costumbres
no fueron muros que se imponían:
fueron puentes de paz y armonía.
Italianos, israelitas y mapuches,
árabes, españoles y tehuelches,
toda raza entrelazada
frente al frío, la nieve, la helada.
La cordillera nunca fue una barrera,
si no una cuna hecha de montañas,
que abriga al expatriado
junto al gaucho argentino,
enlazando a Chile, el país hermano.
Con el mate en la boca
y de la bombilla su beso tibio,
en mi corazón se enlaza
la sangre entrerriana,
con esta tierra de pehuenes
bajo un mismo cielo azul.
He encontrado la paz y hermandad
que para el mundo entero ansío.
©Estela Foderé
Derechos reservados

Perdida por las calles, de esta extraña ciudad,
buscando un vínculo voy, afín su identidad.
Errando silenciosa, como si fuese intrusa,
resulta indiferente, mi mente la rehúsa.

¡Siento tan extranjera su universalidad!
No logra someterme, su cotidianidad.
Son estas las razones, que me sienta reclusa.
No obstante, obro rebelde, si bien parezca obtusa.

No me puedo aquerenciar, a este bello lugar.
No hay evoco ni ahora, que consiga abrigar,
ni aquello que deleitó, mi vida plenamente.

Como intrusa me veo, por la ciudad errar.
Quiero mi calle amiga, rondar plácidamente.
Volver a ella algún día, deseo ardientemente.

© Estela Foderé
Derechos reservados

Fresias

Suspiro profundo
y desde lejos llega
de fresias su aroma.
Como bálsamo puro,
mi alma se impregna,
colmando mis sentidos,
con su bella presencia.
Me acerco pausada.
Acaricio su corola alba
suave como la seda.
Alegres mis pupilas
del jardín me alejo.
Mi camino sigo.
Me llevo su efluvio
fragante y sublime.

©Estela Foderé

A causa de haber transitado un largo camino en la vida, obtuvo el regalo de llegar a la ancianidad. Se siente feliz cuando su familia le brinda cariño, pero percibe que ya es una molestia. Demasiados años y muchos achaques. Porque su andar es lento y sus manos temblorosas están. Porque repite a menudo el mismo discurso y ya nadie presta oído a lo que tanto quisiera contar. No tiene voz ni voto puesto que añejo es su pensar. Requiere constante ayuda, ya no puede realizar sus tareas habituales. Se convirtió en pesado trabajo para la familia y urgente piensa resolver el problema. Derivar a una institución. Será el mejor, el más cómodo, el más recomendado…
Se desestima quién fue esa persona que hoy tanto preocupa. Que dio todo por sus seres tan queridos y porque tuvo el regalo de la ancianidad, será llevado a un lugar desconocido, sin las únicas cosas, atesorado por años, que evocan sus recuerdos; aunque para los demás, sólo son trastos viejos. Rondarán extraños, con afecto afable, pero no tendrán los rostros tan amados.
Todo en la vida requiere tiempo.
Los problemas que acucian requieren una época de transición para poder hallar soluciones dignas y propicias.
La angustia, ansiedad y desazón a veces llevan a buscar recursos rápidos intentando eliminar la congoja que agobia, cometiendo errores que dejarán profundas cicatrices en el alma.
El sacrificio o renuncia de los deseos e intereses propios en beneficio del ser amado, es abnegación, la más sublime de las actitudes.
No arranques esa flor porque se le han caído algunos pétalos que el ladrón de los recuerdos se llevó. Goza de su esplendor hasta que naturalmente se marchite.
©Estela Foderé®

Libres en la brisa

Al poeta José Carlos Avogadro

A la ventana de mi mirada,
llegaron tus estrofas un día;
como el canto de calandrias,
palabras con su sutil melodía.

Tus letras flotaban como el viento,
fluctuando como el ave consabida.
Francos, ascendiendo en el aire,
nobles sentires, libres de ataduras.

Con delicada frescura, tu versos
fluyen, tal como dicta el corazón:
sin grilletes, ni estructuras tiranas.
Eres un poeta digno de admiración.

Tus poemas un libro ha plasmado,
en hojas de papel estampados.
Para que vuelen libres en la brisa,
a la ventana de los ojos que lo lean.
©Estela Foderé
Derechos reservados

Una sombra me ha puesto de rodillas,
puesto que, pretende verme rendida.
El párkinson ha llegado a mi vida.
Arribó silencioso y de puntillas.

Me castiga inclemente a hurtadillas.
Quiere verme temblorosa y vencida.
Sin hacer nada, en quietud recogida,
atacada, quebrada , en cadenillas.

No cederé, no le daré las ganas
verme sometida y arrodillada;
ni muerta, ni débil, ni quebrantada.

No pactaré, a tentativas ufanas.
No vencerá, no seré condenada.
Aquí estoy, altiva y bien animada.

Las miras de párkinson serán vanas.
Seré fuerte, indócil y valerosa.
De este mal trago, saldré bien airosa.
©Estela Foderé
Derechos reservados